Hay cerca de ese principio de monumento un cobertizo donde se guardan varias piedras, generalmente de mármol, enviadas, para que formen parte de él, por los diferentes Estados de la Union; todas ellas contienen alguna inscripcion, explicando su orígen, y conteniendo alguna expresion de afecto al padre de la patria. Hay algunas de naciones extranjeras, entre otras, una del Imperio Celeste.

En esto llegamos á la estacion: un dependiente de un hotel puso en mis manos dos cartas de Nueva-York.

Eran de dos amigos sur-americanos muy queridos; uno y otro me invitaban á detenerme en Washington. Me reservé para leer las cartas en el camino.

Gran disgusto manifestaba de no haber distinguido siquiera desde el Capitolio á George-Town, antigua ciudad situada en una pintoresca hilera de colinas en el Valle del Potomac. Es puerto de entrada del Distrito, y hay una línea de stimbotes que lo comunica con Nueva-York. Uno de sus puntos más notables es un Colegio de Jesuitas.


XX

Mont Vernount.—Carta de Palma.—Carta de Fagoaga.—Richmond.—Excentricidades de yankee.—Catanogua.—Menphis.—El paso del Mississippí.—Un mexicano.—Historia de lágrimas.—Llegada á Texas.

Aunque fresca y alegre la mañana y realmente seductores los paisajes que tenia delante de los ojos, me preocupaba la idea de haber visto tan superficialmente Washington.

Tenia en mis manos la Guía, concluida en mi cartera la traduccion de Mont Vernount, y yo, ni por todos los tesoros del mundo, queria dejarla de consignar en mis apuntaciones de viaje. Allá va la apuntacion de mi cartera: