"Mont-Vernount está quince millas abajo de Washington, en el lado de Virginia del Potomac, y se llega á él por vapores, cuya navegacion por el rio es deliciosa y proporciona excelentes vistas del país y de los alrededores de Washington. Mont-Vernount; conocido ántes con el nombre de Huhtik Creck, fué legado por Agustina Washington, que murió en 1743, á Lorenzo Washington. El último le puso el nombre del Almirante Vernount, bajo cuyas órdenes habia servido en las guerras de España y al que profesaba grande afecto. George Washington heredó la propiedad en 1752. La parte central de la casa, que es de madera, fué construida por Lorenzo, y las alas de ella por Jorge Washington. Contiene muchas é interesantes reliquias históricas, entre las cuales está la llave de la Bastilla, regalada á Washington por Lafayette. Algunas piezas del avío personal y militar de Washington, retratos y pinturas de Rabreau Peale, representándole, delante de Yorktown. La tumba de Washington está en un local aislado cerca de la casa. Es una construccion sencilla, pero sólida, de ladrillo, con una reja de hierro, á través de cuyas verjas se puede ver el sarcófago de mármol que contiene los restos de Jorge y Marta Washington.

"La casa y la tierra que la circunda la compró en 1856 una Asociacion de Señoras, en 200,000 pesos, y la donó al Gobierno para que se considerase como propiedad de la nacion."

El camino me parecia en descenso; ni un solo palmo de tierra estaba sin cultivo, y como rebaños dispersos, se veian por aquí y por allá casitas blancas que indicaban propiedades de diligentes labradores.

La concurrencia del wagon que nos conducia comenzó á pardear (á contener negros), más de lo que yo hubiera querido; de suerte que ménos me divagaba y más importunaba á Francisco con mi eterno preguntar.

—Creí, le dije haciéndome el chistoso, que me habias prometido decirme algo sobre el hospital de mujeres dementes.

—En efecto, me contestó Francisco; pero no esperes que yo te cuente lo que he oido, á tu manera, sino á la mia, muy extraña á las flores y á los ambajes.

Es de advertir que Francisco tiene dotes poéticas eminentes, que pretende ocultar como un tuerto presumido su ojo apagado.

—Todo yo soy orejas.

—Vivia en la Nueva Inglaterra una jóven que se hacia notar por su hermosura angelical, y más aún por su recato, por su dedicacion al trabajo y por las otras virtudes que la distinguian.