Fuera de estos consuelos realmente poéticos, la noche fué infernal; sentia magullado y altamente comprometido el forro de mis cuadriles, con las sacudidas del carruaje, en aquel asiento de cantería.

Desvelado, hambriento, molesto, sahumado con la atmósfera que la negrería formaba en nuestro derredor, apénas salió la luz como ruborizada de alumbrar tanta fealdad, cuando yo, como quien empuña la espada del ángel exterminador, empuñé mi lápiz, y deseando que las letras se hubieran convertido en alacranes para picar á mis accidentales compañeros de viaje, escribí el siguiente bilioso romance:

PESADILLA DE DESPIERTO.
(ROMANCE.)

Por uno de los castigos

Que bien merezco por asno;

Por no saber esta lengua

Que quiero aprender á tragos,

Me introduje en un tugurio

Con ruedas, y no en el carro