Fidel.
¿Quién lo creerá? Me ha puesto de excelente humor la intempestiva presencia de unos girasoles, unas violetas y otras flores de mi antiguo conocimiento, cortejando y engalanando hermosísimas milpas. ¿Cómo andamos ahí, caballeros girasoles? ¿han tenido vdes. noticias de nuestra tierra? Supongo que vdes. están aquí de paso.... ¿y vdes., señoras mazorcas, qué tienen que hacer tan distantes
De la tierra del atole
De la tortilla y del tamal?
¿Por qué vienen á estas tierras
De trinquis fortis y tobac?
En efecto, las sementeras, las aguas cristalinas corriendo entre los surcos de las milpas, el aire tibio y sensual, las hermosas lomas y los blancos caseríos, me hacian la ilusion de que un pedazo del cielo de mi patria me cobijaba.
Los pocos de cara despercudida que nos encontrábamos en el incómodo tren, fraternizamos en un decir "Jesus," y en español, en inglés, en frances y en italiano, soltamos la sinhueso, entendiéndonos á medias y sacando una que otra hebra de buena inteligencia entre aquellas marañas de palabras.
Por supuesto, el tema favorito de la conversacion fueron las rarezas de los yankees; tema rutinero, es cierto, pero que se desea explotar para formar repertorios de novedades; y así como hay viajeros que yendo á España ansían por encontrar quien los salude en són de bolero y al repique de las castañuelas, y viajeros que yendo á México se desencantan de no hallarnos con el carcax al hombro y el arco en la mano, así queremos á fuerza que el yankee sea todo extravagancias, y cuando nos lo encontramos hombre como todos, nos pelamos las barbas de coraje.
Cierto es que el wagg ó gracioso, lo propio que el original ó excéntrico, tienen su boga y su prestigio; pero es cierto tambien que muchos payasean el papel y son impertinentes y groseros.