De repente, las explosiones del buen humor se disipaban y caia sobre todos ese silencio que se acentúa tan hondamente en el prólogo de todas las separaciones.
Alguno mandó traer Champaña; la presencia en frio de aquellos estímulos del contento, no sé por qué convirtió en más sombrío el cuadro: chistes que en otras circunstancias habrian hecho una revolucion de risas y de bullicio; alusiones que se habrian propagado como llama, caian como á plomo, sin efecto alguno, para dejar imperando un dolor que, á solas, hubiera hecho derramar lágrimas á todos los circunstantes.
Alguno preludiaba una cancion, otro al empacar un retrato buscaba un tema de contento con recuerdos felices.... y el silencio, esta tiniebla del espíritu, avanzaba lento, envolviendo hasta los últimos destellos de alegría.
Muy temprano, en la mañana, todos estábamos listos.
Acudimos á los vaporcitos de Jersey.
La mañana estaba nublada; á nuestra izquierda, multitud de buques de todas las naciones hacian flotar al aire sus banderas; se veia la isla del Gobernador, puesto militar de la federacion, en que existe un destacamento de fuerzas permanentes, vestidas constantemente de lujo y haciendo el servicio siempre con la mayor severidad.
Del lado opuesto está el islote de Bell, donde debe, como formando pórtico en la bahía, colocarse la colosal estatua de la Libertad, regalada por la Francia, y cuyo brazo con su antorcha, figura hoy como un colosal monumento en la Plaza de Madisson.
La estatua, colocada sobre su pedestal, debe alcanzar una altura de doscientos veinticinco piés; se distinguirá desde el mar, en el confin del horizonte, como una aparicion humana entre las aguas y los cielos: será magnífica.
Al frente de nuestro barco, en amplio semicírculo y sobre una loma que domina la bahía, se ostenta la ciudad de Jersey como sobre una cortina de árboles, con sus chimeneas, sus torres y sus cúpulas fantásticas. Abajo del escalon del pedestal que forman árboles y verjeles á la ciudad, hay una faja de muelles, como otras tantas puertas de salida para todas las naciones del globo.
En el gran salon contiguo al paradero de los trenes del ferrocarril, que conduce más directamente á Orleans por Filadelfia y Washington, se hallaban el Sr. Iglesias, su hijo, Gomez del Palacio, Schleidem, mexicano lleno de nobles cualidades, y yo.