Repicó la campana fatal: una voz anunció la hora suprema, y entre el tropel que corria á tomar los carros como por asalto, se perdieron nuestros adioses. A poco el resoplar del vapor, la esquila de la máquina, el ruido de las ruedas y el humo, envolvieron el ruidoso tren, huyendo un conjunto del que quedaban desgarrados girones de humo, que disipó el viento....
Cuando recuerdo las atenciones que á esos generosos amigos (iba á decir hijos) debí, su solicitud cariñosa, su chiqueo, siento duelo horrible en mi alma.
Ellos calentaban con sus esperanzas y su contento mis viejos años; ellos fortalecian mi ánimo cuando casi me vencia la mano de dolores implacables; ellos me formaban una atmósfera de patria cuando la frente pálida de la nostalgia venia á presentar á mi lado el esqueleto de mis recuerdos, sobre la tumba de mis esperanzas.
Tan nobles, tan sufridos, adivinando mis deseos, convirtiendo en motivos de contento la satisfaccion de mis caprichos, ¿cómo no consagrarles en estas desordenadas memorias mi gratitud, aunque su ternura y relaciones tengan interes tan solo para mí? ¿cómo no perdonar quien esto leyere el extravío de mi corazon, mi complacencia con un sentimiento que me aprieta el alma y me domina....?
Que vayan felices; que los vientos les halaguen apacibles y el mar sea como persona amiga que les lleve á los brazos de la patria; que en el seno de sus familias, en su hogar, cuando rodeados de los que les aman, cuenten sus aventuras, vuelvan los ojos y en algun lugar vacío busquen el semblante del viejo amigo que vivió léjos de la patria, con ellos, la tierna vida de familia, y que les está recordando, sin ver lo que escribe, porque están hechos lágrimas en mis ojos sus recuerdos.... La Providencia los acompañe; ella los restituya sanos y contentos á sus hogares!......
Vagando al acaso en la parte alta de la ciudad, donde están aún en lucha hombres y rocas; lucha que como que brotan del suelo á presenciar estupendos edificios; donde desemboca el túnel que ha venido como una serpiente subterránea del seno de las calles populosas; donde empinados puentes de distancia en distancia ven inclinar el plumero de llamas de la locomotora, que parece un gigante fantástico que saca á flor de tierra la cabeza; como una ballena de fierro que fué dotada de vida para atravesar en alas del relámpago las entrañas de la tierra, vagaba, digo, por esos lugares, cuando mi amigo Buzeti, un jóven mexicano con quien haremos amplio conocimiento, me puso en la puerta de un establecimiento grandiosísimo, y me dijo:
—Va vd. á conocer la fábrica de pianos de Stenway.
Ya recordará vd. los pianos de Stenway; son en México los de más alta nombradía; sus vibraciones brillantísimas son pompa y vida de los más opulentos salones. En Paris merecieron el primer premio.