El edificio que vamos á visitar, visto por la espalda, hace los tres lados (tres cuadras) de un cuadrado perfecto.

En el centro hay varios edificios, y uno especialmente llama la atencion; él encierra la gran rueda motriz y la maquinaria anexa, que es como un edificio de acero con sus balaustradas y escaleras de fierro.

Era nuestro guía un jóven campechano, alegre, y tan simpático, que me parecia castellano su inglés peliagudo, y digo peliagudo, porque se trata de un aleman: el inglés completado con aleman, es como una copa de whiskey completada con espinas de pescado.

La fábrica tiene cinco pisos visibles, en los que trabajan quinientos operarios como titanes, con su acompañamiento de escoplos, serruchos, cepillos, martillos y otros ruidos de imposible clasificacion.

Como ya se supone el lector, cada operacion de las que requiere la estructura de un piano, es una galera inmensa y un taller en que giran en los techos esas arañas de acero, esas víboras de cuero que se descuelgan y se enroscan, esas escuadras como duendes abiertos de piernas, y esa poblacion de endriagos y visiones animadas del mundo de las máquinas: brazos, dedos, codos, esófagos, cabellos, todo vive por su cuenta y riesgo, sin cuidarse de todos los demás, como si viésemos á nuestros brazos y á nuestras piernas proclamar su independencia, ó como sí en un panteon armaran gresca los fragmentos humanos, tomando cada cual su camino segun su capricho.

Asenté por primera partida en mis apuntaciones una máquina para desbastar la tabla en bruto.

Es una rueda clavada en un eje perpendicular, con dos fajas de acero; de la primera penden cuatro como ganchos, que desbastan la tabla; la segunda faja es el cepillo. Con aquella primera sacudida queda la tabla como seda, y entra como una hoja de papel á otra máquina como de imprimir, de donde sale tersa por ambos lados.

Las maderas que se usan para los pianos, despues de dos años de depósito y preparaciones, son: palo blanco, roble, pino, caoba, rosa y ébano.

Las sierras que se emplean son como sogas ó rosarios, que caen sobre una rueda y cuelgan haciendo destrozos.

Para que no quede ni resquicio de polvo de aserrín en la madera, usan una especie de fuelle de palo; pero no propiamente fuelle, más bien jeringa, que desempeña la funcion de la limpieza á las mil maravillas.