Desde esos primeros talleres comienza la obra laboriosísima de ensamblar las hojas de madera con los hilos de ella, en distintos sentidos, para evitar que se tuerza, poniendo en el centro de las ensambladuras maderas durísimas que las ligan.

La cola de que se sirven es la famosa de Pilles Cuple; viene en marquetas, y se amolda segun las necesidades de los talleres.

Los preciosos calados de las tablas que sirven de respaldo al teclado en la parte interior del piano, se delinean por hábiles dibujantes, y con sierras como hilos se ejecutan esas maravillas de madera que avergüenzan á la filigrana y al encaje.

Los martinetes se forran en una especie de fieltro sólido como piedra y del grueso de tres dedos; forrado el palo de donde se sacan los martinetes, entra en una prensa de presion tan poderosa, que sale el conjunto como una hoja de espada.

En este departamento hay una máquina curiosísima, invencion de un hijo del Sr. Stenway, así como otra delicadísima para las oquedades de los tornillos de la guitarra del piano.

Toda esta gran seccion de la fábrica está destinada á la construccion de esa multitud de articulaciones, músculos, nervios y tendones de esa mano prodigiosa que produce las armonías en el interior del instrumento.

En estos gabinetes anatómicos, verdaderamente científicos, hay compases, escuadras y todo lo concerniente á tan delicado trabajo.

Los cuartos en que se fabrican las cuerdas están aislados, y se emplean en ellos, como en todas estas secciones, hombres de talentos especiales, muy bien pagados.

En una ala entera de uno de los amplísimos pisos divididos por calles de extensos salones, se verifica la animacion del piano.

Todos los tendones, la osamenta, los nervios y los cartígalos, están amontonados: las teclas de marfil que se fabrican como quien hace mosaico; las de ébano, que se pulen como joyas; el martinete y el resorte, que podrian figurar como dijes en el tocador de una reina, todos estos objetos se compaginan, se organizan, se concatenan, adquieren forma, se estremecen y rompen en un canto cuando la mano del hombre pasa sobre ellas, como el soplo de Dios sobre el barro cuando crió al hombre.