Las victorias del General Urrea (7 de Marzo de 1836) en San Patricio, el combate sangriento del Refugio, la ocupacion de la bahía del Espíritu Santo, la rendicion del Cópano y otras brillantes acciones, levantaron nuestro nombre y auguraban un éxito feliz á nuestras armas.

Santa-Anna, desde Béjar, destacaba una division al mando de Ramirez y Sesma, que marchó al Rio Colorado, y otra al mando de Gaona, que se dirigió á Nacogdoches. Filisola debia reunirse en Austin, capital hoy de Texas, á Ramirez y Sesma.

Por aquellos dias murió el Presidente interino Barragan, y entró al ejercicio del poder D. José Justo Corro.

Santa-Anna, que era el presidente propietario, al saber las noticias que acabamos de mencionar, se propuso marchar á México; pero al verificarlo, supo que el General Ramirez y Sesma se encontraba amagado por el enemigo, sin poder atravesar el Rio Colorado. Santa-Anna acudió al lugar del peligro, proveyó de medios para que atravesasen las fuerzas el rio, y ocupó Austin, que habian abandonado los texanos despues de incendiarla.

Houston, jefe de los rebeldes, se resolvió á disputar un paso del rio de San Jacinto; Santa-Anna se aprestó á librar en aquel punto una batalla....


En esa batalla sucumbieron nuestras armas, no sin recomendar la gloria nombres como el de Luelmo, acreedores á los honores de los héroes.

Los Estados-Unidos, entre tanto, propalando que veian como neutrales aquella lucha, protestando que sus fuerzas se limitaban al simple cuidado de sus fronteras, apoyaban con todo su poder á los texanos, cubriéndolos el General Gaines, que al fin consumó la violacion de nuestro territorio, ocupando Nacogdoches. Con este motivo dice el Sr. Iglesias:

"Para disculpar aquel atentado, los Estados-Unidos no alegaron más fundamento que el de que México no podia impedir á los indios de su territorio que hicieran excursiones hostiles contra sus conciudadanos. Este principio chocaba con las reglas establecidas en el derecho internacional, segun el que, un pueblo no puede ocupar militarmente el territorio de los demás con el pretexto de que defiende su frontera.

"Agregábase á esto que ese pretexto, que aun suponiéndolo verdadero, no hubiera nunca servido para justificar aquel hecho atentatorio, carecia de todo fundamento. Las hostilidades de los indios eran supuestas, ningun riesgo corrian las fronteras de los Estados-Unidos, el peligro que se aseguraba era inminente, no existia mas que en las suposiciones gratuitas de los gobernantes."