A corta distancia de la estacion se perciben los grandes almacenes.
Y en la llanura descombrada, como sobrepuestas y al trasladarse, se ven filas de carretas, barriles, tercios é instrumentos de labranza.
Las carretas tienen cierta ordenacion como para una feria; arriba, bajo el toldo y en el suelo, entre las ruedas, está alojada una familia, y otra, y otra más, que entran y salen como abejas en sus colmenas.
A poca distancia se ven construyendo armazones de casas, y hay casitas á medio construir y construidas, con sus amplios corredores, sus columnas, su pórtico, sus vidrieras y persianas, y los anuncios de la comodidad y el bienestar.
Y así como de las habitaciones rodantes ó sean carretas, salian figuras carnavalescas y estrambóticas de hombres y mujeres, viejos como sacos destripados, muchachas con su gardesoleil como unas escobas, y muchachos enjutos y cabelludos como limpia-chimeneas, en los corredores habia sus preciosos niños con sus aros y sus carretelitas, sus ladies airosas y sus campesinos de sorbete, pipa en boca, calzon remangado y botazas hasta las rodillas.
Lo singular era que en las casas por hacer, en las carretas y en los palos clavados en el suelo, habia sus rubros que decian: Grande hotel continental—Academia de música—Galería de pinturas—Correo—Empresa de gas—Avenida Fulton—Sucursal del Banco H***, etc., etc.
El pueblo nace de en medio de sus elementos de vida y desarrollo; es un canevá el terreno, en que borda la poblacion, que lleva en cada uno de sus gérmenes la dote de condiciones políticas y sociales, para desenvolverse independientemente cada familia y robustecerse instantáneamente por el conjunto.
Así son multitud de pueblecitos como la Troupe, Palestine y no sé cuántos más.
Grandes estancias de ganado, espaciosos campos sembrados de algodon, milpas de maíz como en nuestra patria; de entre esas milpas ví salir dos rancheros sobre sus sillas de montar, á la mexicana, sus sombreros anchos como nuestros rancheros y su fisonomía y aspecto como de gente del Bajío; quise gritarles un adios, amo que los dejara boquiabiertos; pero me contuvo Francisco, para que fijase la atencion en unas manzanas y duraznos lindísimos que llevaban en sus cestos unas preciosas muchachitas que venian de un mercado cercano....
A las oraciones de la noche tocábamos en la grande estacion de San Antonio, y de ella fuimos trasladados al Minger-Hotel, donde habia concurrencia inmensa y estupendo movimiento de viajeros.