Y así, absorbido, á la luz de las estrellas, al rumor de los árboles, á la vista de la masa negra de los edificios de la ciudad, que destacaba sus torres, sus cúpulas y chimeneas, dejando ver en las alturas una que otra luz resplandeciente de los veladores, ó de algun mirador dominante.

Allí, como una aparicion dulce, dulcísima y serena, con la majestad de su virtud y con el prestigio que le da la inmensa ternura de mi corazon.... fué mi entrevista con el alma de mi María....


De esa entrevista quedaron como pálidos recuerdos, los siguientes versos:

A MI MARIA.

Amor, de mi alma, mi vida,

Culto de mi corazon,

Santa memoria escondida

En mi honda veneracion,

De luz eterna circuida.