De nuestros generales, de sus costumbres, de sus relaciones, tiene abundantísimas noticias, aunque cuida con suma sagacidad de no dar á sus estudios otro carácter que meras indagaciones conexas con su carácter militar.
Sobre algunos puntos me pareció su juicio parcial, y con una imprudencia de que me arrepiento, le dije:
—No hay indios ni bandidos, señor General; hay política, hay tierras, hay zona libre, hay géneros de algodon, y hay intereses.... y no derechos.
El General, riendo, pero un tanto contrariado, me dijo:
—Hábleme vd. de soldado.... de soldado....
—Pues, paso redoblado.... y á almorzar.
Fué muy agradable nuestro almuerzo: la familia nos ofreció su casa con estimacion particular, y quedamos en vernos otra vez ántes de partir.
En la tarde de ese dia procuré aislarme: pretendia como reconstruir con mis recuerdos el tiempo pasado; queria, por uno de esos artificios frívolos del dolor, recorrer los mismos lugares que en otros tiempos, evocar las propias ideas y esperar que un soplo de resurreccion me devolviese los objetos que ha perdido para siempre mi corazon.
Cuando el tiempo deja en pié la ruina; cuando sobreviven la piedra y el árbol, como que quedan séres á los que interrogar por el pasado: es el cadáver dando testimonio de la vida que pasó; pero cuando todo desaparece y se sustituye en metamórfosis imposible, entónces el muerto es quien presencia esa fatal evolucion; es la renovacion completa de otros séres, de otros edificios, de árboles pobladores de los ántes desiertos campos; el contrasentido lo formamos nosotros, el advenedizo es ese viajero de otra capa geológica del tiempo, á quien recibe con indiferencia este mundo, en que no tenemos sino una representacion inconsecuente.