—¡Ah de casa! dijo una voz acentuadísima de la Península Ibérica.
—Santos y buenos dias.
Se oyó salir á la irlandesa de servicio.
—Hijita, le dijo mi español, póngame vd. un baño con el agua tibiecita, al calor del cuerpo.... por allí, por aquel rinconcillo.
La irlandesa, en el asendereado inglés que les es natural á los de su raza, le decia que si queria solo agua fria, para abrir, segun su voluntad, las llaves....
—Eso es, todo lo alistas.... que sea de lino la sábana.... ¿de la sábana me hablabas?
Emprendióse un altercado en que cada cual hablaba lo que le parecia.... yo, á medio vestir, saqué la cabeza fuera de la puerta.
Encontréme con un hombre con un sombrero á la Pipelet, panzon, mofletudo, con su vestido de rayadillo, su amplia alpargata y su paraguas encarnado bajo el brazo.
—Caballero, me dijo, ¿vd. quiere hacer el favor de decir por qué no me hace caso este pedazo de canto?
—Porque no se entienden, le dije, porque vd. le habla de la sábana y ella de la agua fria. Ya está el baño, vaya vd. por allí.