Dotada con riqueza la escuela gratuita; estando bajo el cuidado y vigilancia del padre de familia; con los mejores maestros; con más ricos instrumentos que los que puede costear un particular, la escuela gratuita es la escuela comun; allí nace casi espontáneo el pueblo, y tiene su fuente la más pura democracia.

No hay decentes ni pobres; todos reciben el pan de la enseñanza sentados á una misma mesa; el talento y la aplicacion reclaman sus fueros con los mismos títulos; en las distribuciones de la escuela se cobra el hábito de acatar la autoridad independiente de la posicion del individuo; estrecha vínculos la simpatía á despecho de las desigualdades de fortuna; en la escuela, de una manera insensible, armónica y poderosa, se hace la patria.

La dotacion de la instruccion es un conjunto puesto á la disposicion de todos y para que todos gocen de él en toda su extension, y en este conjunto en que está desde lo primitivo hasta lo sublime de la enseñanza primaria, tienen acceso todos los niños y niñas, sin distincion alguna.

Las desigualdades, las diferencias, el límite señalado al niño entre la más rudimental y la mayor suma del tesoro de la instruccion, lo crian las circunstancias privadas del niño, no el Estado.

El Estado ve futuros ciudadanos, es decir, hombres que deben ser aptos para gobernarse por sí mismos, ya como particulares, ya representando á la nacion; y en esto no cabe pensar en pobre ni en rico, en artesano ni en músico, ni en astrónomo, sino en ciudadano y en miembro activo de una sociedad que se gobierna por sí.

Nosotros, por la educacion latina, por el espíritu de historia, por la reminiscencia de las clases, tenemos un molde para pobres, otro para ricos, uno para tontos, otro para hábiles; y eso es crear la rivalidad, y la casta, y las distinciones anárquicas en el corazon de la sociedad.

Aquí se ha pensado en el curtidor Grant, lo mismo que en el sastre Jhonson, y lo propio en ese sastre que en el inmortal Washington Irving: los elementos que da el Estado son para todos iguales. De ahí la manera viril de ser de la mujer que á nosotros nos sorprende, y que encomendamos al ridículo de puro no comprenderla.

Por esta razon las carreras especiales no son de cuenta del Estado: en ellas impera la ciencia; en la escuela comun, la patria.

La escuela normal es el cimiento y el complemento á la vez, con que se corona y en que descansa este sistema magnífico; ella conserva y enriquece el depósito sagrado de los conocimientos; ella envía apóstoles de la luz por todas partes; ella inunda los espíritus y los dirige al bien; ella discute, con los datos que le suministra la experiencia, sobre los medios de llevar á su mayor altura y comunicar más subido esplendor, al astro que hace cada dia más sorprendentes los adelantos de la nacion.

Convertido en objeto de predilectos cuidados el niño, y siendo universal el interes que por él se toma, la especulacion misma se plega y sigue la corriente.