Y el chico subia y bajaba y recorria las quiebras y accidentes de su reino, como una mano ejercitada las teclas de un piano.
—Habrá vd. advertido, me dijo M. Grogan, grandes números en todos los pisos y debajo de ellos una cajita. Esa cajita tiene un boton del que pende un alambre eléctrico puesto en contacto con un reloj. Esa es la gran vigilancia de estos almacenes.
De muchos guardas que se turnan, cada uno á su vez, y sin descanso, tiene la obligacion de recorrer todo el edificio en todos sus departamentos, en ménos de una hora, subiendo de piso á piso en cuatro minutos. Los botones están colocados de modo que se recorra todo el departamento ántes de llegar á ellos. El guarda sube y oprime el boton. Esta presion se marca en el reloj encerrado en la pieza del jefe del edificio. Cuando la señal no es exacta, se marca en el reloj el tramo, y puede decirse, que hasta el lugar en que se detuvo, se entretuvo ó se durmió el guarda, y hacer efectiva la responsabilidad.
Estos empleados son de gente escogida y tienen fianzas.
Los cargadores son gente escogida tambien, pero fungen á las órdenes de un contratista que responde de su seguridad.
Estábamos otra vez á flor de tierra y mi cicerone dispuesto á seguir; yo queria tirarme de bruces al suelo, rendido de cansancio.
—Un momento, me dijo Mr. Grogan: ¿vd. ve esa pieza por donde con unos ganchos están rodando barriles?
—Sí, señor.
—¿Ve vd? dice Luck up. En esa pieza se reponen y arreglan los envases descompuestos para que en nada padezcan las mercancías, y este es motivo de delicada atencion.
Despues de afectuosos cumplimientos nos despedimos de Mr. Grogan, á quien gustoso consagro, lo mismo que á M. Clark, un recuerdo de gratitud.