Y así vimos las galeras de los abarrotes, licores, loza, etc.
Estábamos en el primer piso de regreso, y todavía se nos dijo que descendiéramos.
Hicimos el descenso al limbo de los cueros y de la loza y cristalería: los unos estaban allí presos porque el calor no los malease; la otra, por evitar en el tragin del mundo contactos que pusieran en peligro su existencia.
Aquellos subterráneos alumbrados por luz artificial; aquella ciudad desierta y cruzada por las sombras, es toda una epopeya de espanto.
Despues de andar algun tiempo, descendimos aún y nos encontramos circundados, despues de atravesar espesos muros, de la apacible luz del dia.
Ese es el palacio de las máquinas, el gobierno de las aguas y de la atmósfera.
El jóven que sirve este departamento estaba forrado materialmente en un lienzo listado, y apénas se puede dar idea de carácter más jovial y complaciente.
Lleno de tizne; con el vestido quemado y con el aspecto de un fogonero burdo, es un ingeniero de vasta instruccion, de finos modales y de bondad extrema.
Nos enseñó sus máquinas con el amor que un hortelano sus plantas queridas; como un inglés sus perros; como un viejo soldado sus armas. Nos dijo:
—Esos elevadores por donde vdes. han hecho el camino, pueden contener tres toneladas cada uno; tienen la fuerza de diez caballos. En esas hornillas se consume al dia cerca de una tonelada de carbon. Esos tubos son para calentar el edificio: con esos otros se les comunica ventilacion.