En la taberna, y la taberna de baja ralea, yo no sé lo que acontecerá. En la calle, el borracho es sombrío, pasa gruñendo, taciturno, y por su parte el público lo ve con plena indiferencia.

Cuando el alcohol es muy retobado y le hace pasar ciertos límites al poseido, se encarga de él la policía y lo deja á guardar en la primera comisaría que le sale al paso.

En estos casos, el borracho suele gastar su pedazo de soberanía insultando á sus servidores de la policía; éstos, no solo les sufren, sino que los miman y consideran, segun la observacion de Juan Navarro, como quien dice: "hoy por ti: mañana por mí."

Hay muchos borrachos: como suicidas, se emborrachan en un aislamiento que contrista.

Así habia ayer personas que quemaban cohetes en unipersonal sombrío, como quien habla solo.

A las diez de la noche, la ciudad estaba más quieta que en los dias comunes.

A esa hora regresé al hotel: en la Plaza de la Union habia alguna gente agobiada por el calor.

De trecho en trecho se levantaban, al frente de los teatros ó de los hoteles, esos gigantescos candelabros con cinco bombillas de cristal cada uno, que forman esos promontorios de luz que deslumbran. Exactamente como los del Zócalo de México, pero en gran número. Venia por Broadway y me entretenia en ir notando en los altísimos cristales de las tiendas no alumbradas en el interior, la reproduccion de la ciudad con todos sus detalles, y con tal perfeccion, como si fuera un espejo corrido la acera en que iba.

A mis piés, los bassements formaban una lista de luz con sus faroles, bombillas y reverberos, asomando á la orilla de las banquetas.

Estos bassements tienen su historia: cuando se está construyendo la casa, entónces se percibe en todas sus particularidades el esqueleto.