Lo más curioso es ver esas grandes banderas con sus crias, es decir, sartas de banderas de pequeñas proporciones, agitándose como en tendederos diagonales y pendientes de azoteas y ventanas, como si en efecto se estuvieran secando al sol.

Las banderas de las otras naciones no son patrimonio de los funcionarios públicos; cualquier quidam enarbola su bandera ó hace sartas de banderitas, y se queda muy fresco.

En el número estrictamente preciso para molestar al vecindario, se quemaban cohetes chinos ó triquitraques y palomas en gran número; pero por niños y niñas, y lo estrictamente necesario tambien para sacar un ojo é impedir el tránsito.

Decíase que habia en tiempos, estrepitosos disparos de armas de fuego, de que resultaban desgracias y muertes. Yo nada ví sino tristeza y soledad.

En la calle de Green, calle que tiene cierta celebridad por habitarla gente de trueno y regocijada, ví algunas hijas de la noche haciendo disparos con pistolitas de bolsa; pero en corto número y rodeadas de unos cuantos amantes consuetudinarios y sin maldita la gracia.

En la bahía, los barcos todos estaban empavesados y la atravesaban vapores con música, concurridos por gente dispuesta á divertirse en familia y fuera de la ciudad.

Asegurábase tambien que ayer era el gran dia de los sacrificadores á Baco; y aunque me consta que estos Romanos del Mundo Nuevo, como disparatadamente se les llama, tienen wiskyductos estupendos, no se presencia á uno solo trazando X con los piés en las banquetas.

En este particular, mi desengaño ha sido el más completo: los borrachos, que los hay por gruesas, son silenciosos; pocas veces se presencia una riña; casi nunca arman esas grescas y esos Sanquintines de que pudieran jactarse los borrachines de la raza latina.

Ni lo extraño y accidentado de la voz, son peculiares de un estado de perturbacion mental, porque eso lo reserva el yankee para cuando está en su perfecto acuerdo.