Para mí, el aviso, el aparato y el hombre, eran perpétua tentacion, y no caia en ella, por temor á este humbug americano que le planta una banderilla al más pintado.
Al fin, no pude resistir: toméme del brazo con mi compañero Buzeti, y cuando volvimos la cara, nos hallamos á la una de la tarde al frente de un sombrío y extenso salon, alumbrado débilmente por la luz del gas.
Las paredes estaban tapizadas de cuadros; en el centro de la pieza hay grandes nichos.
Compramos un catálogo, que avisa en su carátula que aquel es un Museo de Anatomía, que se abre diariamente para ser visitado por hombres, y que está bajo la direccion del Dr. Jordan, médico de alta reputacion en esta ciudad.
Subimos por una escalera de caracol que está á la derecha, y entramos en una pequeña pieza bien alumbrada por la luz natural. El primer objeto que se ofreció á mis miradas fué, bajo cristales, un taller de tejas de barro con sus oficinas y figuritas como un nacimiento. Repelé contra aquella curiosidad anatómica, y volví los ojos á las paredes.
Estas estaban cubiertas de cuadros, ó más bien cajas con cristales suspendidas á las paredes, sobre hileras de nichos descansando en repisas ó fajas de madera, que circuyen gran parte de los salones.
Cada vez que me volvia por un lado, retiraba la vista al opuesto, herido por una impresion desagradable. Ya era un ojo reventado, ya una pierna al agusanarse, ya un seno hecho un arnero de llagas.... Brazos, huesos.... Salíme de la piececita y dirigí mis pasos á la luz de una ventana que da á la calle. Allí me ví de repente rodeado por focas y lagartos estupendos, así, estupendos, como de cuatro varas, en tan perfecta disecacion, que evitaba horrorizado su contacto, porque se me figuraba que al pasar me disparaban una tarascada.... Volvíme con disgusto, ó mejor dicho, en cierto estado de excitacion nerviosa que me tenia descontento.... Las paredes me ofrecian el espectáculo de caras humanas, pero en estado espantoso: narices en completa ruina, bocas diagonales con antros de putrefaccion.... las facciones humanas naufragando en el cáncer.... queria distraerme, y veia tambien, como figuras estrambóticas, como que saltaban de la cornisa chivos con cinco y seis piés, chicuelos de dos cabezas, carneros con dos cuerpos: lo estrambótico, lo absurdo, el desarreglo en la creacion, la embriaguez de los fenómenos animales....
Pedian auxilio en mi interior mis ojos y mis nervios, y al fin hallaron una especie de descanso con la vista de flores, de figurillas automáticas que vemos entre los muebles de salas, y chucherías que podrian llamarse de tocador.
Me fijaba en estos objetos como para que me amparasen de aquellos gestos, de aquellos ojos, de aquel cuerpo humano en dispersion desarticulada y horrenda, que me desasosegaba, que me perseguia en detall; queria como no verlos, se me figuraba que aquellas bocas me iban á morder, envenenándome la sangre.