En las calles se ve perorando en alto, en mangas de camisa, con un sorbete reluciente, un pañuelo enredado al cuello, al rayo del sol, con una mesita al frente, un hombre que manotea, gesticula y dice cosas tremendas sobre las virtudes de un jabon mágico que quita las manchas de los sombreros: de repente el sombrero más averiado de la concurrencia está sobre la mesa: viene de no sé dónde, en alto, un vaso de agua; se lava el sombrero, se exprime, reaparece como nuevo; la gente aplaude y se venden aquellos pedazos de jabon, que es un juicio. Ya vimos en Orleans á uno de estos prestidigitadores.
En medio de una plaza se ve á un jóven moreno, de mirada escrutadora, con una jaulita de canarios al frente; entre los alambres de la jaula hay tiritas de papel de distintos colores; el confidente del canario explica con los colores, que el canario responde á la buena y á la mala fortuna, y siguen las consultas.
En una plaza de Orleans, como hemos visto, noche á noche, entre hachones, aparecia un pizarron para explicarse un método de contabilidad que era el asombro del mundo: despues se vendian los libritos.
En un quicio de puerta, al frente de una mesita, se ve un hombre como probando unas plumas; se tiene la pluma entre las manos, se humedece en un vaso de agua, se escribe.... y aquello es lindo: se ven pintiparadas las letras como si las hubiera parido el mejor tintero.... Va vd. á su casa, quiere hacer la propia operacion.... escribe vd..... y ve vd. despues el papel como la madre lo parió.... como si nunca le hubieran puesto la mano encima. Hay muchas de estas plumas que surten excelente efecto.
Una mañana, al vestirme, noté la desercion de dos botones de mi pantalon; me resolví á que entrase en campaña mi ineptitud para la costura, y aquel fué tragin: me hice criba los dedos, pujé, bufé, grité.... y me entregué á la desesperacion. Pero la costura no fué para mí tan laboriosa ni humillante, como la ensartada de la aguja.... aquella postura de cazador, aquellos gestos contra la ventana, aquella desviacion del hilo que se parecia á la burla, me tenian humillado....
Salí á la calle, de pésimo humor: á la espalda del Correo habia frente á una mesita un viejo cano, fresco, alegre, bien vestido, de ojos grandes y dentadura blanca, con un carrete de hilo en la mano; hablaba tan sabroso, que tal me parecia castellano lo que hablaba: un inmenso círculo de gente le oia con verdadera complacencia. El mostraba su carrete que remataba en un aparato de estaño.... aquella era una maquinita de ensartar agujas: ni Cristóbal Colon se sintió más grande con su descubrimiento, que yo con el mio.
Hablando, hablando, aquel génio y aquel bienhechor mio, ensartaba agujas como quien traga anises. Yo estaba encantado: compré mi carrete en diez centavos, compré otro y otro, y hubiera querido traspasar su puesto al vendedor.... volví al hotel triunfante.... A Francisco le saqué conversacion, de modo que me viese ensartar una aguja él que me habia burlado en la mañana.... aquello era el imposible.... aquella treta hacia más difícil la operacion que con los medios comunes.... muchas agujas eran alambres de acero sin ojos.... Riendo me decia Francisco:
—¿No querias saber lo que es humbug?.... Hay tambien maquinitas verdaderas que surten ese efecto.
Es comun ver en las noches, en una banqueta, un telescopio, y á su lado una persona grave dando un curso de astronomía, como no lo hubiera hecho el mismo Arago ó Flammarion.
Más adelante pondremos á los ojos de nuestros lectores anuncios que pueden pasar como tipos en materia de humbug.