Pasó el tiempo: Mayard desapareció de Paris; un periódico, una vez, dió la noticia de que estaba en Africa empeñado en una cacería de leones. Se describia su tren y su servidumbre.
Un dia, el mundo de la curiosidad y la mentira amanecieron de duelo.... Mayard habia muerto: habia luchado heróicamente con un leon.... pero uno de sus acicates se enredó en unas yerbas, cayó, y aquello fué espantoso.
Una tarde, entre los magníficos carruajes de la aristocracia, habia uno realmente deslumbrador; lo guiaba una especie de orangutan, pero revestido de oro; en el fondo se veia un caballero saludado con entusiasmo por la multitud.... Era Mayard que habia refaccionado su crédito, haciéndose devorar por un leon.
Descendiendo en la escala del humbug, deben mencionarse las medicinas milagrosas, raíces de la India, píldoras con extractos de hígados de serpiente, elíxires que contienen lágrimas de pescados de cuatro piés, y cosas que ni con calentura se discurren, ni los locos en sus extravíos imaginan. Por supuesto, las curaciones que operan, tienen certificados fehacientes y les han valido cruces y medallas á los autores. Entre estas medicinas ocupan lugar preferente las que reparan las fuerzas, y son el ensueño de los viejos verdes.
Pero donde para mí encuentra el humbug su apogeo, es en dos cosas.
Las ventas y combinaciones para rifas y loterías, y el humbug de la oratoria.
En cuanto al primero, habia un hombre una mañana en una encrucijada de la calle de Cidar, que la atraviesa otra ex abrupto y como cerrándola. El caballero estaba elegantemente vestido y hablaba con la sencillez de un niño. Tenia á su frente caramelos, cajitas de carton con anillitos y piedras falsas.
El hombre, ya envolvia un caramelo, ya ponia en una cajita un billete de á veinticinco centavos.
Confundido con otros caramelos, el del papel colectaba de á centavo para el que quisiera caramelo, y entre las manos hacia la rifa.... Todos los circunstantes ganaban su caramelo.... y él decia: "Esto es dulce," y procedia á otra rifa: el público acudia, y en las cajitas se ponian grimbaks de á veinte pesos.... el juego era de lo más divertido: ¡lástima que la policía no fuera de la misma opinion!