—¿Pone V. en duda mi palabra? dijo con altivez don Antonio mientras lanzaba a su interlocutor una mirada penetrante.
—Tengo por norma no dudar nunca de nada, señor, respondió don Felipe Neri.
—La cantidad es importante.
—Precisamente esto es lo que me da espina.
—No le entiendo a V., don Felipe.
—¡Caramba! profirió el guerrillero, tomando de improviso una determinación, creo que es lo mejor que puedo hacer; escúcheme V.
—Ya escucho.
—Sobre todo no se incomode V., querido señor; ¡qué diablos! los negocios son negocios y deben tratarse lisa y llanamente.
—Abundo en este parecer, prosiga V.
—Bien; V. me ofreció cincuenta mil duros para...