—¿Qué Vds. me la ofrecen? profirió con admiración el guerrillero.

—Sí; porque somos dueños de la vida de usted.

—Usted dispense, arguyó Cuéllar, lo que está diciendo es especioso, porque en el caso de mandarnos a cenar con San Pedro a nosotros también irían Vds.

—¡Caramba! repuso el conde, en esto estamos.

Cuéllar se entregó de nuevo a la meditación, y poco después dijo:

—Vamos a ver, no perdamos el tiempo en un tiroteo de palabras; hablemos como hombres; ¿qué quieren Vds.?

—Voy a decírselo a V., respondió el conde.


[XVII]

DESPUÉS DE LA BATALLA