—Partamos, dijo el aventurero levantándose; el tiempo apremia.

El joven se despidió de las damas.

—Volverá V. ¿no es cierto, caballero? le preguntó con agasajo doña María.

—Es V. muy bondadosa para conmigo, respondió el vaquero; será para mí una dicha el aprovecharme de tan fina invitación.

Domingo, Loick y López se salieron, y en pos de ellos iba a hacerlo don Jaime, cuando su hermana le asió del brazo para decirle con voz temblorosa:

—Una pregunta.

—Hable V., hermana mía.

—¿Conoce V. al joven ese?

—Mucho.

—¿Realmente es un caballero francés?