—Todas las historias se componen de dos partes distintas, replicó éste.

—¿Cuáles?

—La apócrifa y la verdadera.

—Si no se explica V...

—De mil amores; la parte apócrifa es la pública, la que todo bicho viviente sabe y puede comentar y referir a su antojo.

—Corriente, profirió el aventurero; ¿y la parte real?

—Ésta es la secreta, la misteriosa, conocida de dos o tres personas a lo sumo; la piel de cordero arrebatada de encima de los lomos del lobo.

—O la máscara de virtud arrancada del rostro del bandido, exclamó con arranque terrible el aventurero; ¿no es eso?

—En efecto, así es.

—¿Y V. aguarda la parte segunda de esta historia?