Éste abrió el pliego y lo recorrió rápidamente con la mirada. Luego fijando con atención los ojos en el desconocido, le preguntó:
—¿Cómo te llamas?
—López, mi general.
—Está bien. ¿Conque está cerca de aquí?
—Sí, mi general, emboscado con trescientos jinetes.
—¿Y te pones a mi disposición?
—Para todo el tiempo que de mí necesite vuecencia.
—Dime, ¿conoces esta tierra?
—Nací en ella, mi general.
—¿Así pues eres capaz de guiarnos?