El embajador dobló la carta, la metió en un sobre y la entregó a su interlocutor, diciendo:
—Quisiera poder dar a V. otras pruebas de mi deseo de servirle.
—Tengo el honor de significar a vuecencia mi gratitud, profirió don Jaime haciendo una respetuosa reverencia.
—¿Me cabrá la satisfacción de verle a V. de nuevo?
—Tendré a mucha honra el volver para ofrecer mis respetos a vuecencia.
El embajador tocó un timbre, a cuyo son apareció el ujier.
Don Jaime y Pacheco cruzaron un nuevo y ceremonioso saludo, y aquél se retiró.