El comandante, harto débil para resistirse abiertamente, fingió conceder lo que le pedían; pero hizo presente que necesitaba dos días para llenar cierta formalidad y poner a cubierto su responsabilidad.

Los insurgentes accedieron a concederle aquel plazo; y el oficial lo aprovechó para hacer que a toda prisa acudiese a auxiliarle la guarnición de Nacogdoches.

Esta guarnición llegó en el momento en que los insurgentes, fiando en la palabra del gobernador, se retiraban a sus casas.

Furiosos por haber sido burlados tan pérfidamente, volvieron atrás e hicieron una demostración tan enérgica, que el oficial mejicano se consideró muy dichoso con evitar el combate y restituir los prisioneros.

En este intermedio, un pronunciamiento hecho en favor de Santa Anna derribó del poder al general Bustamante a los gritos de «¡Viva la Federación!»

Lo que más temía Tejas era el sistema del centralismo, del cual nunca habría obtenido su reconocimiento como Estado separado, y por lo tanto la población de Tejas se mostró unánime en favor del federalismo.

Los colonos se sublevaron, y uniéndose a los insurgentes de Anáhuac, que aún estaban con las armas en la mano, marcharon resueltamente sobre el fuerte Velasco, al cual pusieron sitio.

El grito seguía siendo «¡Viva la Federación!» pero esta vez ocultaba el grito de «¡Viva la Independencia!» que los de Tejas, harto débiles, no se atrevían a lanzar aún.

El fuerte Velasco estaba defendido por una reducida guarnición mejicana, mandada por el valiente oficial llamado Ugartechea.

En aquel sitio extraordinario, en el que los sitiadores no respondían a los cañonazos de la fortaleza sino con tiros de carabina, los de Tejas y los mejicanos hicieron prodigios de valor, y mostraron inaudito encarnizamiento.