—¡No, no! respondió Tranquilo moviendo la cabeza a uno y otro lado, no estás loca, hija mía, solo que me ocultas algo.

—¡Padre mío! dijo Carmela ruborizándose y bajando los ojos muy confusa.

—Sé franca conmigo, chiquilla; ¿no soy por ventura tu mejor amigo?

—¡Es verdad!

—¿Me he negado nunca a satisfacer tus más mínimos caprichos?

—¡Oh! ¡Nunca!

—¿Me has encontrado alguna vez demasiado severo para ti?

—¡No por cierto!

—Pues bien, ¿entonces por qué no me confiesas francamente lo que te atormenta?

—Es que... murmuró Carmela vacilando.