—Prueba ese medio, dijo el otro con tono burlón.
El fraile, alentado por esta semi-concesión, continuó diciendo con un poco más de atrevimiento:
—Tiene V. un caballo hermoso.
—¿Verdad que sí?
—¡Magnífico! repuso fray Antonio extasiándose.
—Sí, y no te pesaría que yo te dejase montar en él a fin de huir más pronto, ¿verdad?
—¡Oh! No lo crea V., dijo el fraile con un gesto negativo.
—¡Basta! repuso el Desollador interrumpiéndole con rudeza; piensa en ti que tus enemigos llegan.
De un salto se puso en la silla, hizo dar una vuelta a su caballo y se emboscó detrás del tronco enorme de un roble.
Fray Antonio, estimulado por la aproximación del peligro, cogió con viveza su rifle y se colocó también detrás del árbol.