—No son más que indios, murmuró, pero en último resultado son hombres; aunque se hallen casi privados de razón, la humanidad me impone el deber de socorrerlos, sobre todo ahora que mi situación no es nada agradable, y si logro salvar a algunos de ellos, su conocimiento del desierto podrá serme de suma utilidad.
Esta última consideración le decidió a auxiliar a unos hombres a quienes, a no ser por eso, según toda probabilidad, habría dejado abandonados por completo a su suerte, es decir, entregados a los dientes de las fieras que, en cuanto llegase la noche, atraídas por el olor de la sangre, no habrían dejado de acudir a devorarlos.
Ahora es deber nuestro hacer al egoísta ciudadano de los Estados Unidos la justicia de decir que, tan luego como hubo adoptado aquella determinación, cumplió con sagacidad y conciencia el deber que se había impuesto, empresa fácil para él, en último resultado, porque los numerosos oficios que había ejercido durante el curso de su azarosa existencia, le habían hecho adquirir una experiencia y unos conocimientos médicos, que le ponían en el caso de prodigar a los heridos los cuidados que su estado reclamaba.
Desgraciadamente la mayor parte de los individuos a quienes examinó habían recibido heridas tan graves, que hacía mucho tiempo ya que se hallaban sin vida, y todo socorro era inútil.
—¡Diablo! ¡Diablo! murmuraba el americano cada vez que se encontraba con un cadáver, ¡estos pobres salvajes han sido muertos de mano maestra! Al menos no han padecido mucho tiempo, porque con estas heridas espantosas han debido entregar su alma al Creador casi instantáneamente.
Así llegó hasta el sitio en que yacía el cuerpo del Zorro-Azul; una ancha herida se abría en su pecho.
—¡Ah! He aquí al digno jefe, repuso; ¡vaya una herida! Veamos si también él está muerto.
Se inclinó sobre el cuerpo inmóvil y puso la bruñida hoja de su cuchillo delante de la boca del indio.
—No rebulle, continuó diciendo con tono de desaliento, y creo que me costará trabajo sacarlo del estado en que se encuentra.
Sin embargo, al cabo de algunos instantes, miró a la hoja de su cuchillo y vio que estaba levemente empañada.