—Vuelva V. a ocupar su asiento, hermano, y almuerce con el Jaguar sin escrúpulo alguno, pues yo respondo de él con mi cabeza. Si dentro de dos meses contados desde hoy, no le da a V. una explicación satisfactoria acerca de su conducta actual, yo, que no me hallo ligado por juramento alguno, revelaré a V. ese misterio que le parece inexplicable y que en efecto lo es.

El Jaguar se estremeció, lanzando a Corazón Leal una mirada penetrante, pero que se estrelló en el rostro plácidamente indiferente del cazador.

El canadiense vaciló algunos instantes; pero al fin volvió a ocupar su asiento delante del fuego murmurando:

—Corriente, ¡dentro de dos meses!

Y añadió mentalmente:

—Pero hasta entonces yo le vigilaré.


[XXVI.]

EL PARTE.