—Según eso, ¿no puede V. fijar una época?

—Me es imposible: he hecho un juramento y debo cumplirle.

—Bien: prométame V. tan solo una cosa.

—¿Cuál es?

—El no atentar a la vida del capitán Melendez.

El Jaguar vaciló.

—¿Qué dice V.? repuso Corazón Leal.

—Que haré todo lo posible por librar su vida.

—¡Gracias! exclamó Corazón Leal.

En seguida, volviéndose hacia Tranquilo que permanecía inmóvil junto a él, le dijo: