Esta falta imperdonable perdió a los defensores de la colonia.
Tranquilo desembarcó sin disparar un tiro.
Los Pawnees, tan luego como hubieron entrado en la colonia, arrojaron teas incendiarias a los edificios construidos todos con madera, y lanzando su grito de guerra, se precipitaron sobre los americanos, a quienes cogieron por retaguarda colocándolos así entre dos fuegos.
Tranquilo, Quoniam y algunos guerreros que no se habían separado de ellos, se dirigieron a la torre.
Mistress Watt, aunque atacada por sorpresa, se dispuso para defender valerosamente el puesto confiado a su custodia.
El canadiense se acercó a ella con las manos alzadas al cielo en señal de paz y exclamó:
—Ríndanse VV., en nombre del cielo, o quedan perdidas: la colonia ha caído en nuestro poder.
—¡No! respondió la joven resueltamente; no me rendiré a un villano que hace traición a sus hermanos para abrazar el partido de los indios.
—Es V. injusta para conmigo, replicó el cazador con tristeza; vengo a salvar a V.
—No quiero ser salvada por V.