A ella tocaron lágrimas y risas,
¡Y á mí sólo las lágrimas!
XXXII
Pasaba arrolladora en su hermosura,
Y el paso le dejé;
Ni aun á mirarla me volví, y no obstante
Algo á mi oído murmuró: «esa es.»
¿Quién reunió la tarde á la mañana?
Lo ignoro: sólo sé
Que en una breve noche de verano