Vaga confuso, al terminar los fieles

Con un amén sus rezos.

Y oí como una voz delgada y triste

Que por mi nombre me llamó á lo lejos,

Y sentí olor de cirios apagados,

De humedad y de incienso.

. . . . . . . . .

. . . . . . . . .

Entró la noche, y del olvido en brazos

Caí, cual piedra, en su profundo seno: