LXXV

¿Será verdad que cuando toca el sueño

Con sus dedos de rosa nuestros ojos,

De la cárcel que habita huye el espíritu

En vuelo presuroso?

¿Será verdad que, huésped de las nieblas,

De la brisa nocturna al tenue soplo,

Alado sube á la región vacía

Á encontrarse con otros?

¿Y allí, desnudo de la humana forma,