Al oir el escudero tan extraño anuncio, pugnó por arrancar á su señor de aquel sitio; pero el conde, con los ojos fijos en el juglar, permaneció inmóvil, escuchando esta cantiga:

I

La niña tiene un amante

que escudero se decía;

el escudero le anuncia

que á la guerra se partía.

—Te vas y acaso no tornes.

—Tornaré por vida mía.

Mientras el amante jura,

diz que el viento repetía: