A veces, un vicio fomenta una virtud, como un veneno estimula la vida.


Cuando el hombre superior delinque, lo que la Humanidad castiga en él no es su culpa, sino su superioridad.


La Envidia, para desfogarse, se pone a veces la máscara de la Justicia, y aunque inspirada por el numen del rencor, habla en nombre de la «moral ofendida».


Ni el santo ni el sabio condenan. El sabio, porque comprende, y el santo, porque perdona.


Toda moral que no se inspire en la naturaleza, es absurda.