Se sonríe mirándolo con aire triste, y continúa:

—Tienen verdadera necesidad de él en casa; porque, ya lo ves, hay tres chicos todavía, que alimentar y vestir sin contar que, desde que yo partí, tienen que valerse de una criada.

—¿No tienes hermanas?—pregunta Juan.

Ella menea la cabeza y dice, lanzando de improviso una risotada:

—¡Es escandaloso! Ni siquiera una, de la cual pudieras hacer tu mujer.

El ríe con ella y dice:

—No es una mujer lo que necesito ahora.

—¿Entonces, qué?

—Una hermana.

—Pues bien, ya tienes una—dice ella levantándose de un salto y acercándose a él.