—Voy a despedir también a las criadas—dice Gertrudis a Juan.—Estaremos entonces completamente solos y podremos hacer alguna cosa.
—¿Qué cosa?
—Ya encontraremos—dice ella riendo; se dirige a la cocina.
Al cabo de media hora reaparece:
—Ya se han marchado. Ahora estamos libres.
Se sientan uno frente al otro y buscan en su imaginación.
—Nunca volveremos a encontrar una diversión como la del domingo pasado—dijo Gertrudis suspirando.
Y, después de un momento:
—Escucha, Juan.
—¿Qué?