¡Qué biblioteca tan lúgubre! Son obras de medicina, que tratan de las enfermedades del cerebro, de las lesiones del cráneo y de otros asuntos del mismo género; disertaciones filosóficas sobre la herencia de las pasiones: una Historia de los accesos de cólera y de sus terribles consecuencias, un Tratado del dominio sobre sí mismo, y una obra de Kant, El Arte de dominar por la voluntad los sentimientos mórbidos. Hay también libros de literatura, casi todos sobre el fratricidio. Al lado de novelas lúgubres, como El fin trágico de toda una familia en Elsterwerda, se encuentran: La novia de Messina, de Schiller, y Julio de Tarento, de Leisewitz.

También la teología está representada por cierto número de pequeños tratados sobre el pecado mortal y su perdón. Al lado, en los cuadernos azules, están compilados cuidadosamente algunos extractos, diferentes estudios, mezclados con consideraciones melancólicas sobre las experiencias y los pensamientos personales de Martín.

Juan deja caer las manos.

—¡Pobre, pobre hermano!—murmura, suspirando, con el corazón entristecido.

Entonces la mano de Gertrudis se posa sobre su hombro. La joven señala con el dedo un rótulo colocado arriba de la puerta y pregunta en voz baja y ansiosa:

—¿Qué significa eso?

En el rótulo se lee, en gruesas letras de oro, estas tres palabras: ¡Piensa en Fritz!

Juan no contesta. Se deja caer en una silla, oculta el rostro entre las manos y llora amargamente.

Gertrudis tiembla de pies a cabeza. Lo llama por su nombre, le echa los brazos al cuello y trata de apartarle las manos del rostro; y, como todo es inútil, se deshace también en lágrimas.

Al ruido de sus sollozos se levanta Juan lentamente y mira a su alrededor, con mirada terrible. Ve unas ropas colgadas de la pared; ropas de niño de una época muy antigua. Las conoce perfectamente.