Semejante a muchos chicuelos de París que han soportado duras privaciones, Juan se presenta con una figura flaca y demacrada. Intimidado y tembloroso, hace girar entre sus manos una vieja gorra color azul desteñido, y se detiene ante la comisión. El alcalde examina sus notas con aire grave. ¡Ah, desgracia! ¿por qué su rostro se llena de severidad?
—¿Qué significa esto, señor Durand?—interroga el señor Aubry.—Hace quince días que no se le ve a usted en la escuela. ¿Por qué eso, eh?
Juan baja la cabeza y con voz lastimera contesta:
—Es porque mamá estaba enferma y después se ha muerto.
—¿Muerto?
—Sí. La llevaron hace tres días...
Toda la severidad del alcalde desaparece; bondadosamente lo interroga:
—¿De qué enfermedad ha muerto tu mamá?
¡Oh, cómo recuerda Juan la emoción con que aquella frase fue dicha! Súbitamente recuperó la confianza y se hizo locuaz.
—Fue un día que llovía... en el ómnibus... Estuvo enferma un mes; pero el médico dijo en seguida que no podía hacerse nada porque estaba cansada de haber trabajado demasiado.