—¿En qué trabajaba tu madre?

—Era costurera para las tiendas. Cosía todo el día, y hasta por la noche. Yo quería trabajar para ayudarla, pero ella no quería. Decía siempre: Tienes que ir a la escuela para aprender.

—¿Y tu padre?

—Hace mucho tiempo que ha muerto también; era emplomador y se cayó de un techo cuando trabajaba.

—¿No tienes parientes?

—No, nadie.

—Después que ha muerto tu mamá ¿en dónde vives? ¿quién te da de comer?

—La portera de la casa, porque me quiere mucho. Dijo ella a su hermano, que es carpintero, que me tomase de aprendiz, y ahora trabajo...

El señor Aubry, pensativo, no lo escuchaba ya.

Juan recuerda el miedo que sintió creyendo haber hablado demasiado.