—Acabo de hacerte la mitad de mi confesión, querida madre—y súbitamente la joven se ruborizó,—aquí está la otra: amo a Juan.

La señora Aubry levantó suavemente la cara de su hija, apoyada siempre en su pecho, y mirándola, con tono grave le dijo:

—¿Amas a Juan? ¿Estás bien segura? No vayas a equivocarte esta vez. ¡Sufriría tanto ése!...

—¡Ah, madre! ¡cómo no lo he de amar, después de todo lo que ha hecho por nosotros!

—Es precisamente porque se ha conducido como un hijo admirable, que te pongo en guardia contra una inclinación que no es tal vez amor, sino un gran, un vivo reconocimiento; porque, desgraciadamente, no es cumpliendo su deber, como un hombre consigue atraerse el amor de una joven.

—Madre, eso es una crítica merecida por la ligereza de mi primera elección; ahora veo más claramente lo que pasa en mí. Juan ha hecho algo más que cumplir su deber hacia mí; ¿no lo sabías?

Y como la señora Aubry la mirase interrogativamente, María Teresa contó la conversación que había sorprendido, el sacrificio de Juan poniendo sus haberes en el fondo social de la cristalería, para asegurarle a ella el casamiento con otro, aunque la amaba en silencio desde hacía mucho tiempo.

Cuando la joven concluía de referir cómo después del regreso de Juan había sentido el amor verdadero, el amor grande, penetrar lentamente en su alma, Jaime entró.

Enterado de los sentimientos que María Teresa acababa de expresar, abrazó contentísimo a su hermana.

—Te felicito, mi querida Teresa; esta vez tu elección es realmente buena. Ahora me veo libre de una gran responsabilidad; la conducta de Martholl me inquietaba; se le veía por donde quiera que había diversiones, despreocupado de nuestras desgracias. Comprendo su táctica. Me habían prevenido de que no cesaba de recoger informes en todas partes sobre nuestra situación financiera. Como no la encontraba muy de su gusto, quería desligarse de su compromiso, y para no hacer un papel odioso, se ha arreglado de manera que la ruptura la iniciásemos nosotros. No está mal imaginado. ¿No piensas lo mismo, María Teresa?