[133] Esta ley procedía de que el tráfico y los negocios andaban en Egipto en manos de las mujeres.

[134] No consta que las otras naciones aprendiesen la circuncisión de los egipcios, ni que estos la tomasen de los hebreos, quienes la usaron por precepto divino: en los demás pueblos no tuvo al parecer otro origen que el aseo, tan necesario en países cálidos.

[135] Eran los cálculos ciertas piedrecitas de que se valían en sus cómputos los antiguos.

[136] Parece que los jeroglíficos egipcios eran un tercer género de letras diferente del sagrado y del popular. El alfabeto copto, sacado del griego, no es la antigua letra del Egipto.

[137] Esta abstinencia, tan ridícula como supersticiosa, la adoptó después Pitágoras.

[138] Épafo lo mismo que Apis. En cuanto a los requisitos de una víctima pura, véase [lib. III, pár. 28].

[139] Los sacrificios expiatorios se fundan en el principio de reparación del ofensor al ofendido, dictado por la razón sola, y así es que desde el principio del mundo se usaron en todas las naciones con la inmolación de víctimas y la libación de licores, aunque manchados a veces por ritos impíos y supersticiosos. Por esto la cabeza del buey egipcio echado al río, y el cabrón emisario de los judíos cargados con los pecados del pueblo, aunque procedentes de un mismo principio, no son imitación uno de otro. Seguir esta comparación, no menos del pueblo hebreo que la del ayuno de que se habla más abajo entre las costumbres e instituciones reveladas u sancionadas por Dios, y los usos de los demás pueblos manchados con tantas supersticiones, es inexacto no menos que peligroso.

[140] La razón de estas supersticiones, si es que alguna pudo haber, se funda o en el error de la trasmigración de las almas humanas a los cuerpos de los brutos, o en la opinión del alma universal del mundo repartida en todos los vivientes reputada por naturaleza divina, o en la fábula de que los dioses bajo la forma de animales se habían escapado de las manos de los hombres. Venerábanlos además por ser imágenes de los dioses, por ser útiles a la vida humana, por ser emblema simbólico de alguna perfección divina, y por ser insignia de los estandartes militares.

[141] Siguiendo la analogía castellana, me valgo de esta palabra compuesta, tan conforme al genio de la lengua griega.

[142] Anfitrión descendía de Dánao, venido de Egipto a ocupar el trono de Argos.