[402] Vivían los agatirsos en la Transilvania occidental; los neuros en la parte oriental del palatinado de Leópolis, Belza y Volhinia; los andrófagos y melanclenos no lejos de Moscú.
[403] Fuera de este cuadrado deja Heródoto todo el Cubán y la Tartaria de los circasios, países que formaron después una gran parte del reino del Bósforo extendido desde el golfo de Nigrópolis hasta la Cólquide.
[404] Siendo vario entre los geógrafos el cómputo de las jornadas, hace bien el autor en fijar el número de estadios por jornada. Las diez jornadas primeras las toma Bayer desde el grado 45 al 57 de longitud, contando las sinuosidades que forman las orillas del mar, y las 20 últimas desde el 47 al 55 de latitud. Así que aquel país comprendía la Moscovia, Tartaria menor, Crimea y Lituania con buena parte de Polonia, Hungría, Valaquia, Bulgaria y Moldavia; y aun hay quien extiende los límites de la antigua Escitia desde los Alpes y el Rin hasta el mar de Kamskatka.
[405] Los griegos hacen a su Ifigenia la sacerdotisa de Artemisa y no la diosa misma a quien sacrificasen los táuricos. Véase la Ifigenia en Táuride de Eurípides, obra maestra, de donde no quisiera que el fino gusto del abate D. Juan Andrés hubiera desechado los dioses y las personas alegóricas. Lo bello en este género es relativo a la constitución de la sociedad.
[406] La primera habitación de los neuros se coloca al levante del Borístenes en las cercanías del Degua.
[407] Los budinos, después de arrojados de su antiguo país, habitarían los palatinados Chelmense y Brescianense en los confines de la Polesia. De la emigración de los budinos nació quizá la fábula de que Gelono y Agatirso fueron echados de la Escitia por su madre ([pár. X de este libro]).
[408] Actualmente Crin, de la cual la Quersoneso Táurica tomó el nombre de Crimea.
[409] Convendría probar la existencia de las amazonas de Libia, del Asia y América que niegan los modernos, y que con placer defendería yo, si fuera oportuno en este lugar, purgándola de las fábulas con que los poetas han desacreditado por embellecerlo un hecho que no puede desecharse enteramente sin negar la fe humana a la historia antigua.
[410] Esta narración, según observó Hermógenes, pinta a los ojos con los más vivos colores el carácter de las personas, cumpliendo Heródoto en este lugar lo que decía Tulio, que la historia es prima hermana de la elocuencia oratoria respecto a la delectación de los lectores, sin llegar a la contienda de los afectos.
[411] Heródoto aplica a las mujeres escitas las costumbres da las griegas, harto inconvenientemente quizá, pues siendo aquellas de origen céltico no tendrían usos tan domésticos, se dejarían ver más en público y en las asambleas, vicio muy notado entre los celtas.