LX. Otra de las mencionadas trípodes dice así en verso hexámetro: «A ti, sagitario Febo, me consagró Esceo, luchador victorioso por lucidísima joya». Debió de ser dicho Esceo el hijo de Hipocoonte,[33] a no ser que hiciese tal ofrenda algún otro del mismo nombre de Esceo, hijo de Hipocoonte, que vivía en tiempo de Edipo, hijo de Layo.

LXI. He aquí lo que dice otra tercera trípode, también en verso hexámetro: «Reinando solo Laodamante, regaló al dios Apolo, certero en sus tiros, esta trípode, linda presea». En tiempo de este Laodamante, hijo de Eteocles, que mandaba solo entre los cadmeos, fue cabalmente cuando estos, echados de su patria por los argivos, se refugiaron a los pueblos llamados enqueleos,[34] si bien quedando por entonces los gerifeos en su país, solo algún tiempo después fueron obligados por los beocios a retirarse a Atenas. Tienen los gerifeos construidos en Atenas templos particulares en que nada comunican con ellos los demás atenienses, siendo santuarios de ritos separados, de los cuales es uno el templo de Deméter Acaya con sus orgías o misterios propios.

LXII. Hasta aquí llevo dicho cuál fue la visión que tuvo Hiparco entre sueños, y de dónde los gerifeos, de cuya raza fueron los matadores de Hiparco, eran oriundos en lo antiguo. Ahora será bien volver a tomar ya el hilo de la narración comenzada, y acabar de declarar lo que decía sobre el modo con que se libraron por fin los atenienses del yugo de sus tiranos. Sucedió, pues, que siendo Hipias tirano en Atenas, y estando muy irritado contra aquel pueblo a causa del asesinato cometido en Hiparco su hermano, procuraban en tanto con todas veras y por todos los medios posibles volver a su patria los Alcmeónidas, familia de Atenas echada de allí por los hijos de Pisístrato, y lo mismo procuraban con ellos otros desterrados. Viendo los Alcmeónidas cuán mal les había salido la tentativa, a fin de volver a la patria y procurar la libertad de Atenas, fortificados en un lugar llamado Lipsidrio, sobre Peonia, no dejaban piedra por mover para dañar a los Pisistrátidas. En tal estado, concertándose con los Anfictiones, tomaron a su cargo levantar el templo que al presente hay en Delfos y que entonces no existía: siendo, pues, hombres opulentos y de una familia de tiempo atrás muy ilustre, hicieron el templo mucho más bello y lucido de lo que requería ajustado al modelo, así en las partes de la fábrica, como en el frontispicio singularmente, pues estando en la contrata que el templo debería ser de mármol porino, hicieron la fachada de mármol pario.

LXIII. Estando, pues, de asiento en Delfos estos hombres, según cuentan los mismos atenienses, obtuvieron de la Pitia, sobornada a fuerza de dinero,[35] que siempre que vinieran los espartanos a consultar el oráculo, ya fuera privada, ya pública la consulta, les diera por respuesta que la voluntad de los dioses era que libertasen a Atenas. Viendo los lacedemonios cómo siempre se les inculcaba aquel recuerdo de parte del oráculo, enviaron por fin al frente de un ejército a uno de los principales personajes de su ciudad, llamado Anquimolio, hijo de Aster, y le dieron orden de que echase de Atenas a los hijos de Pisístrato, aunque fueran estos sus mayores amigos y aliados, teniendo más cuenta con la voluntad del dios que con la amistad de los hombres. Enviado por mar con su escuadra dicho general, y dando fondo en Falero, desembarcó allí sus tropas. Informados a tiempo los Pisistrátidas de la expedición contra ellos prevenida, llamaron a las tropas auxiliares de la Tesalia, con las cuales tenían contraída alianza. Implorados los tesalios, enviaron allá, de común acuerdo del estado, mil caballos conducidos por su rey Cíneas, que era de patria condeo.[36] Recibido, pues, dicho socorro, tomaron los Pisistrátidas el expediente de arrasar cuantos árboles había en las llanuras de los falereos, con la mira de dejar aquel campo libre y expedito para que pudiese obrar en él la caballería, la cual, en efecto, habiendo embestido después por aquel paraje y dejándose caer sobre el campo del enemigo, entre otros estragos que hizo en los lacedemonios fue muy considerable el dar muerte al general de estos, Anquimolio, obligando juntamente al resto de la armada a refugiarse en sus naves; y con esto hubo de retirarse de Atenas la primera armada enviada allá por los lacedemonios. El sepulcro de Anquimolio se ve al presente en Alopece, uno de los pueblos del Ática, cerca del Heraclio (o templo de Heracles), situado en Cinosarges.

LXIV. De resultas de este destrozo enviaron los lacedemonios contra Atenas segunda armada, más numerosa que la primera, conducida por su rey Cleómenes, hijo de Anaxándridas, embistiendo a los enemigos no por mar como antes, sino por tierra. Fue entonces también la caballería tesalia la primera en trabar el choque con los lacedemonios, apenas entrados en el Ática; pero sin hacerles mucha resistencia volvió luego las espaldas, y dejando caídos en el campo a más de cuarenta de los suyos, volvieron los demás en derechura a Tesalia. Llevando consigo Cleómenes a los atenienses que se declaraban por la libertad de la república, y llegándose a la ciudad de Atenas, empezó a sitiar a los tiranos, que se habían retirado al fuerte pelásgico.

LXV. No era natural que fueran los Pisistrátidas en aquella sazón echados de la patria por los lacedemonios, así porque estos no llevaban ánimo por su parte de emprender un largo sitio, como por hallarse aquellos por la suya bien apercibidos de víveres para resistirlo; antes era sin duda lo más probable, que después de unos pocos días de asedio partieran otra vez hacia Esparta: entonces cierto acaso ocasionó la ruina a los sitiados y dio justamente a los sitiadores la victoria, porque quiso la fortuna que los tiernos hijos de los Pisistrátidas, al tiempo de ser llevados fuera del país para su resguardo y seguridad, diesen en manos de los enemigos. Este acaso de tal manera desconcertó las miras de los sitiados y abatió sus bríos, que vinieron en ajustar el rescate y libertad de sus hijos con las condiciones que quisieron imponerles los atenienses, las cuales fueron que dentro del término de cinco días salieran del Ática los sitiados. Habiendo, pues, reinado en Atenas por espacio de 36 años, salieron de ella y se retiraron a Sigeo, ciudad situada sobre el río Escamandro. Eran los Pisistrátidas oriundos de Pilos y descendientes de los Nélidas, de quienes vinieron asimismo Codro y Melanto, primeros reyes extranjeros que hubo en Atenas:[37] de suerte que el motivo de que Hipócrates pensase en poner a su hijo el nombre de Pisístrato fue la memoria de que se llamó Pisístrato el hijo de Néstor, queriendo que del mismo modo se llamase también el suyo. En suma, del modo referido se vieron libres los atenienses de la tiranía; pero quiero añadir cuanto este pueblo, puesto ya en libertad, hizo o padeció digno de la historia, antes que la Jonia se sublevase contra Darío y viniera con esta ocasión a Atenas Aristágoras el milesio para pedirles ayuda y socorro.

LXVI. Después que Atenas, ciudad ya de antes muy grande, arrojó de sí a sus tiranos, vino a hacerse mucho mayor. Dos eran en ella los jefes y partidarios que más poder y mando tenían: uno Clístenes, de la familia de los Alcmeónidas, de quien dice la fama que supo sobornar a la Pitia; el otro Iságoras, hijo de Tisandro, sujeto de una casa verdaderamente ilustre, aunque ignoro de qué raza saliesen sus antepasados: sé únicamente que suelen los de su parentela sacrificar a Zeus el Cario, de quien son muy devotos.[38] Estos dos eran, pues, los caudillos de dos facciones en la república. Hallábase Clístenes abatido; mas habiendo sabido ganarse después a la plebe, logró formar diez philas (o tribus), de cuatro que solo había primero en todo el estado. Quitó, pues, los nombres que tenían antes las cuatro philas tomadas de los hijos de Ion, que eran antes los de los geleontes, de los egícoras, de los argades y de los hopletes,[39] y en lugar de ellos introdujo los nombres de otros héroes patrios con que distinguir sus nuevas philas, a excepción de Áyax solo, cuyo nombre añadió a los demás por haber sido vecino y aliado de los atenienses.

LXVII. Mucho habría de engañarme si no quiso nuestro Clístenes imitar en esta parte a su abuelo materno Clístenes, que había sido señor de Sición.[40] Después de haber guerreado con los argivos, el viejo Clístenes procuró dos cosas en descrédito de sus enemigos, una quitar de Sición un certamen que hacían en ella los rapsodas[41] recitando los versos de Homero, a causa de ser en tales versos los argivos los que se llevaban entre todos la palma de los elogios del poeta; la otra ver cómo podría acabar al fin con el culto que daban los sicionios a Adrasto, hijo de Tálao, cuyo templo tenían levantado en su misma plaza por ser argivo. Consultó, pues, en un viaje que hizo a Delfos, «si sería razón echar a Adrasto de la ciudad»; pero tuvo la mortificación de oír de boca de la Pitia esta respuesta en tono de oráculo: «Que Adrasto había sido rey de los sicionios y él era el verdugo de ellos». Viendo que no condescendía Apolo con su pretensión, vuelto de su romería empezó a discurrir de qué medio se valdría para lograr que el héroe Adrasto se fuese por sí mismo de la ciudad. Después que le pareció haber dado ya con un buen arbitrio para salir con su intento, dirige enviados a Tebas de Beocia, y manda decir a aquellos ciudadanos que su deseo sería poder restituir a Sición al hijo de Ástaco, llamado Menalipo. Obtiene tal gracia de los tebanos,[42] y habiendo restituido a Menalipo erigió para él un templo en el mismo pritaneo, y fijó allí su estancia en un sitio muy fortificado. El motivo que tenía Clístenes para restituir a Menalipo, puesto que es preciso que aquí se declare, no era otro que el haber sido este el mayor enemigo de Adrasto, a cuyo hermano Mecisteo y a su yerno Tideo había dado la muerte. Luego que tuvo edificado su nuevo templo, quitó Clístenes los sacrificios y fiestas que solían hacerse a Adrasto y los apropió a Menalipo. Era antes realmente grande la solemnidad y culto con que solían los sicionios venerar a Adrasto, movidos a ello por saber que su región en lo antiguo había sido de Pólibo, de cuya hija habiendo nacido Adrasto, fue declarado heredero del reino, por haber muerto Pólibo sin sucesión varonil. Entre otras honras que tributaban a Adrasto los de Sición, una era la representación de sus desgracias en unos coros o danzas trágicas,[43] de modo que sin tener coros consagrados a Dioniso festejaban ya con ellos a su Adrasto: manda, pues, Clístenes que se conviertan aquellos coros en cantos de Dioniso, y lo demás de la fiesta y de los sacrificios en honra de Menalipo, en lo cual vinieron a parar todas las maquinaciones de Clístenes contra Adrasto.

LXVIII. Hizo aún más contra los argivos. Mantenían los sicionios en sus philas los mismos nombres que tenían los argivos en las suyas: muda, pues, Clístenes el nombre a las philas sicionias, de suerte que las puso muy en ridículo; porque sacando aparte a los de su misma phila, a quienes dando un nombre tomado de la voz arjé (principado) llamó arquelaos (príncipes del pueblo), dio a las otras philas nombres sacados de las palabras his (puerco) y onos (asno), añadiéndoles únicamente la terminación derivada, de modo que a los unos llamó los hiatas, a otros los oneatas, y a los restantes los xoireatas (porquerizos), nombres que los buenos sicionios mantuvieron en sus philas, no solo en el reinado de Clístenes, pero aun unos 60 años después de su muerte, hasta tanto que volvieron en sí, y trocando tales apodos, se llamaron los híleas, los pánfilos, los dimanatas, y los de la cuarta phila, tomando el nombre de Egialeo, hijo de Adrasto, hicieron llamarse los egialeos.[44]

LXIX. Como Clístenes el sicionio hubiese, pues, introducido esta novedad en las philas, Clístenes el ateniense, que siendo por su madre nieto del sicionio llevaba su mismo nombre, a lo que se me alcanza quiso imitar en este punto a su abuelo y tocayo, haciendo en descrédito y mengua de los jonios que las philas de Atenas no retuviesen un nombre común con el de las suyas.[45] Atraído, pues, a su bando todo el vulgo de los atenienses, que antes le era muy contrario, aumentó el número de las philas trocándoles a todas el nombre; así que en lugar de cuatro que antes eran los philarcas (jefes de las tribus), instituyó diez, y a más de esto en cada phila señaló diez demos[46] (o distritos). De donde resultó que su partido, habiéndose ganado así al pueblo bajo, fuera muy superior al de sus contrarios.