[271] A estos átimos o infames se negaba en Grecia toda comunicación, como a excomulgados vitandos.
[272] Lacedemonios eran todos los vasallos de Esparta; pero espartanos solamente los vecinos de la capital, dándose a veces no más el nombre de lacedemonios a los periecos, esto es a los de las ciudades sujetas a Esparta, para distinguirlos de los genuinos espartanos.
[273] Es la moderna Cerigo.
[274] Bien dudosa sería la conjetura si no nos hubiera mostrado el autor, por los acertados consejos dados al rey por Demarato contra los espartanos, que este, enemistado realmente con ellos, pretendía con sinceridad la sujeción y ruina de su patria.
[275] Anda aquí el autor algo corto en el número, si bien en el cap. 44 sube hasta 180 las naves de Atenas. Diodoro les da el número cabal de 200 naves.
[276] Los de la isla al presente Cea.
[277] El original dice con más fuerza: «ni aun el ministro del fuego», aludiendo al uso antiguo entre los griegos de que un ministro sagrado coronado de laurel y con un hacha en la mano precediese a las filas; persona santa a quien solía perdonarse en la acción.
[278] Cabo oriental de Negroponte, al presente Cubo de Oro.
[279] Escíone, lugar de Macedonia situado en el cabo Canistro. Tenía este buzo una hija heredera de su habilidad llamada Cione.
[280] La palabra allí no me parece indicar que los soldados marinos se hallasen en las mismas, sino en sus tiendas en la playa. Las tablas y cadáveres a que alude serían de las naves que en la batalla naval de aquel día habían perecido.