[11] Sería la misma de donde sacaba tesoros Filipo, padre de Alejandro.
[12] Era Amintas I el noveno rey de Macedonia, por los años de 514 antes de Jesucristo, y mucha debió ser la debilidad de su imperio, cuando no su poquedad de ánimo, pues que no se atrevió a la resistencia que hizo la Peonia.
[13] Este modesto recato era común en toda la Grecia. Léase en Cicerón el trágico caso de la resistencia que en Lámpsaco se hizo a Verres en punto semejante, y del suplicio con que la castigó el fiero procónsul.
[14] No falta filósofo antiguo ni aun quizá moderno que alabe este hecho de Alejandro: comparadas la insolencia de los unos con la alevosía del otro, no sé a qué parte se inclinará la mayor gravedad de la injuria pública.
[15] Pérdicas I, cuarto rey de los macedonios, reinó por los años 691 antes de J. C. Quien sepa las numerosas diligencias que se practicaban en los ejercicios olímpicos, en vista de la sentencia dada en favor de Alejandro, hijo de Amintas, no dudaría que fuesen los macedonios de origen griego, por más que los llamase bárbaros Demóstenes, movido de su odio a Filipo.
[17] Todavía después de Homero daban los mensajeros en Grecia el recado con oración, como si la persona que los enviaba fuese la que hablase cara a cara. Todo este razonamiento y el que sigue fuera digno de un monarca, si la disimulación y mala fe no le degradara, haciendo que las máximas más sólidas de la amistad sirvieran de pretexto a la más fina perfidia.
[18] Lamponio, vecina a la ciudad de Antandro, arruinada y sin nombre en el día: Antandro se llama hoy San Dimitri, antes célebre ciudad de los léleges y después de los troyanos en la Misia.
[19] No parece sino que la narración está truncada faltando algún periodo que sea transición para lo demás del capítulo. En cuanto a lo que sigue, se entiende claramente que habla de Ótanes.
[20] Naxos, al presente Naxia, la más rica y feraz de las Cícladas tiene cien millas de circuito, aunque Plinio solo le da setenta y cinco, y es célebre por su vino y su mármol ofites de color verde con vetas blancas. Ocupáronla al principio los tracios, gobernados por Boutes, a quienes sucedieron los tésalos, que después de doscientos años de posesión la abandonaron a causa de una gran carestía: después de la guerra de Troya se hicieron dueños de ella los carios, de los cuales pasó a unos colonos de Cnido y Rodas, y de estos últimamente a los jonios.